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El Tiempo y las tres leyes de Kepler (I)
El mundo interior del hombre se manifiesta en el plano afectivo concreto y objetivo. Rudolf Steiner habla de tomar conciencia de la posición que el hombre ocupa en medio del universo, para no vivir en la fría abstracción, matemática y sensual a la vez, de la técnica moderna. De la sociedad de consumo que mima el ego del gran destructor. El consumidor alimenta la maquinaria destructora de la industria mundial, irrespetuosa de la naturaleza divina, la sacralidad de la naturaleza.
Steiner habla de vivir con el alma sin limitaciones lógicas (no sólo lo lógico es real) como un niño que reconoce lo divino maravilloso en lo simple. También habla del amor y del afecto, de lo cualitativo en la conciencia de los seres vivos. En nuestra opinión esta calidad tiene relación con la inteligencia animal, con el instinto, con el juego y con el ritual. Estos son los elementos más arcaicos de la naturaleza humana. Quizás esto explica por qué al demasiado intelectual hombre actual le es tan difícil volver a pensar sin prejuicios lógicos, volver a ser ingenuo, instintivo, lúdico y ritual.
Esta ingenuidad instintiva es necesaria para volver a entablar la comunicación con la comunidad universal, con el espíritu del universo, con el espíritu de la Tierra, con la Belleza viviente que se esconde detrás del aire, del agua, de la tierra y del fuego.
Esto tiene relación con la astrología del pasado, que no fue charlatanería como ahora (la mayor parte de las veces) sino ciencia erigida sobre la experiencia práctica. Steiner dice que el hombre forma parte de una comunidad cósmica cuyo principio unificante es el Espíritu. El hombre es cuerpo y alma pero también puede acceder al infinito universal a través de la puerta áurea del sentimiento, del Amor. Desde esta perspectiva podemos comprender a Steiner cuando habla de vivir con el alma, con la vivencia del mundo interior, nuestra integración en un universo viviente. Esta vivencia se declina en la oposición complementaria, en el contrapunteo armónico entre el mundo interior del alma humana y la referencia exterior, la estricta lógica de la ciencia material.
El tiempo y las tres leyes de Képler (II)
En su tercer curso científico (Stuttgart 1-18 enero 1921) Rudolf Steiner se refiere al enfoque cualitativo de la visión del mundo de Johannes Képler. Habla de los ‘gestos’ de los planetas y de la ley de la gravitación de Newton en tanto que deducción muerta de la tercera ley astronómica de Képler.
Siempre según Rudolf Steiner, hoy en día la astronomía y la astrofísica han devenido de más en más cuantitativas. Képler es una personalidad de transición que se sitúa en la antigua representación del cosmos apoyándose en fuentes muy remotas. Su enfoque es cualitativo. En él todavía es visible una especie de conciencia de la vida universal porque ve en los movimientos de los astros algo como el gesto de un ser viviente. Cuando observamos a un hombre que mueve los brazos consideramos este movimiento como la manifestación exterior de un proceso interior y no como un hecho puramente mecánico. Steiner:
“(...) Mientras más retrocedemos en las concepciones astronómicas de la humanidad más encontramos que existía una conciencia del hecho que en las imágenes que nos hacíamos del recorrido del Sol o del de las estrellas no se trataba de cualquier cosa que tuviera un carácter gráfico pasivo sino de gestos. Por otra parte se pude encontrar perfectamente, en tiempos más remotos, por ejemplo, este sentimiento de la gestualidad de los cuerpos celestes.” [1]
Los antiguos veían en los movimientos de los cuerpos celestes la expresión de algo psíquico. Esos hombres no hablaban de cuerpos celestes, de planetas, sino de esferas. [2] Steiner:
“Se distinguía entonces de esta manera a a la esfera de la Luna, la esfera de Mercurio, la esfera de Venus, la esfera del Sol, la esfera de Marte, la esfera de Júpiter, la esfera de Saturno y la octava esfera que era el cielo de las estrellas fijas. Se distinguían esas ocho esferas y se veía en ellas algo que se expresaba mediante gestos exteriores, de tal forma que de un lado al otro del firmamento se veía brillar a las esferas en función de sus gestos.” [3]
Lo importante era la esfera del cuerpo celeste y su ‘gesto’ con relación a su posición de conjunto. Es a partir de esta concepción viviente de la vida cósmica que Kepler enunció sus famosas leyes. La ciencia actual no ve en ellas sino una expresión cuantitativa y carente de sentido fuera de la perspectiva matemática espacio-temporal. He aquí las tres leyes:
“La primera: los planetas se desplazan por medio de elipses alrededor de su cuerpo central, y el cuerpo central se sitúa en uno de los focos de la elipse. La segunda: los rayos vectores de un planeta describen en tiempos iguales sectores y áreas iguales. La tercera: para los diferentes planetas, los cuadrados de los tiempos de revolución se comportan como los cubos de los ejes semi-grandes.” [4]
Para Kepler, un movimiento elíptico presenta un carácter viviente más grande que un movimiento circular. Para modificar el radio circular es necesario aplicar impulsiones interiores. Para que el radio vector se mantenga en la elíptica se debe ejercer una vida interior más intensa sin la cual el movimiento deviene circular. Al referirse a un movimiento elíptico alrededor de un cuerpo central cuya posición no está en el centro sino en uno de los focos de la elipse, Kepler introduce la dicotomía entre lo viviente y lo muerto. En cuanto a la segunda ley, con ella pasamos de la línea a la superficie. En la primera ley es la elipse en tanto que línea la que es descrita. Pero cuando Kepler habla del camino descrito por el radio vector ya se refiere a la superficie. Steiner:
El mundo interior del hombre se manifiesta en el plano afectivo concreto y objetivo. Rudolf Steiner habla de tomar conciencia de la posición que el hombre ocupa en medio del universo, para no vivir en la fría abstracción, matemática y sensual a la vez, de la técnica moderna. De la sociedad de consumo que mima el ego del gran destructor. El consumidor alimenta la maquinaria destructora de la industria mundial, irrespetuosa de la naturaleza divina, la sacralidad de la naturaleza.
Steiner habla de vivir con el alma sin limitaciones lógicas (no sólo lo lógico es real) como un niño que reconoce lo divino maravilloso en lo simple. También habla del amor y del afecto, de lo cualitativo en la conciencia de los seres vivos. En nuestra opinión esta calidad tiene relación con la inteligencia animal, con el instinto, con el juego y con el ritual. Estos son los elementos más arcaicos de la naturaleza humana. Quizás esto explica por qué al demasiado intelectual hombre actual le es tan difícil volver a pensar sin prejuicios lógicos, volver a ser ingenuo, instintivo, lúdico y ritual.
Esta ingenuidad instintiva es necesaria para volver a entablar la comunicación con la comunidad universal, con el espíritu del universo, con el espíritu de la Tierra, con la Belleza viviente que se esconde detrás del aire, del agua, de la tierra y del fuego.
Esto tiene relación con la astrología del pasado, que no fue charlatanería como ahora (la mayor parte de las veces) sino ciencia erigida sobre la experiencia práctica. Steiner dice que el hombre forma parte de una comunidad cósmica cuyo principio unificante es el Espíritu. El hombre es cuerpo y alma pero también puede acceder al infinito universal a través de la puerta áurea del sentimiento, del Amor. Desde esta perspectiva podemos comprender a Steiner cuando habla de vivir con el alma, con la vivencia del mundo interior, nuestra integración en un universo viviente. Esta vivencia se declina en la oposición complementaria, en el contrapunteo armónico entre el mundo interior del alma humana y la referencia exterior, la estricta lógica de la ciencia material.
El tiempo y las tres leyes de Képler (II)
En su tercer curso científico (Stuttgart 1-18 enero 1921) Rudolf Steiner se refiere al enfoque cualitativo de la visión del mundo de Johannes Képler. Habla de los ‘gestos’ de los planetas y de la ley de la gravitación de Newton en tanto que deducción muerta de la tercera ley astronómica de Képler.
Siempre según Rudolf Steiner, hoy en día la astronomía y la astrofísica han devenido de más en más cuantitativas. Képler es una personalidad de transición que se sitúa en la antigua representación del cosmos apoyándose en fuentes muy remotas. Su enfoque es cualitativo. En él todavía es visible una especie de conciencia de la vida universal porque ve en los movimientos de los astros algo como el gesto de un ser viviente. Cuando observamos a un hombre que mueve los brazos consideramos este movimiento como la manifestación exterior de un proceso interior y no como un hecho puramente mecánico. Steiner:
“(...) Mientras más retrocedemos en las concepciones astronómicas de la humanidad más encontramos que existía una conciencia del hecho que en las imágenes que nos hacíamos del recorrido del Sol o del de las estrellas no se trataba de cualquier cosa que tuviera un carácter gráfico pasivo sino de gestos. Por otra parte se pude encontrar perfectamente, en tiempos más remotos, por ejemplo, este sentimiento de la gestualidad de los cuerpos celestes.” [1]
Los antiguos veían en los movimientos de los cuerpos celestes la expresión de algo psíquico. Esos hombres no hablaban de cuerpos celestes, de planetas, sino de esferas. [2] Steiner:
“Se distinguía entonces de esta manera a a la esfera de la Luna, la esfera de Mercurio, la esfera de Venus, la esfera del Sol, la esfera de Marte, la esfera de Júpiter, la esfera de Saturno y la octava esfera que era el cielo de las estrellas fijas. Se distinguían esas ocho esferas y se veía en ellas algo que se expresaba mediante gestos exteriores, de tal forma que de un lado al otro del firmamento se veía brillar a las esferas en función de sus gestos.” [3]
Lo importante era la esfera del cuerpo celeste y su ‘gesto’ con relación a su posición de conjunto. Es a partir de esta concepción viviente de la vida cósmica que Kepler enunció sus famosas leyes. La ciencia actual no ve en ellas sino una expresión cuantitativa y carente de sentido fuera de la perspectiva matemática espacio-temporal. He aquí las tres leyes:
“La primera: los planetas se desplazan por medio de elipses alrededor de su cuerpo central, y el cuerpo central se sitúa en uno de los focos de la elipse. La segunda: los rayos vectores de un planeta describen en tiempos iguales sectores y áreas iguales. La tercera: para los diferentes planetas, los cuadrados de los tiempos de revolución se comportan como los cubos de los ejes semi-grandes.” [4]
Para Kepler, un movimiento elíptico presenta un carácter viviente más grande que un movimiento circular. Para modificar el radio circular es necesario aplicar impulsiones interiores. Para que el radio vector se mantenga en la elíptica se debe ejercer una vida interior más intensa sin la cual el movimiento deviene circular. Al referirse a un movimiento elíptico alrededor de un cuerpo central cuya posición no está en el centro sino en uno de los focos de la elipse, Kepler introduce la dicotomía entre lo viviente y lo muerto. En cuanto a la segunda ley, con ella pasamos de la línea a la superficie. En la primera ley es la elipse en tanto que línea la que es descrita. Pero cuando Kepler habla del camino descrito por el radio vector ya se refiere a la superficie. Steiner:
“Cuando el planeta se desplaza a toda velocidad, si me puedo expresar de esta manera, expresa algo que no reside solamente en él, pero él añade su propio impulso. Toda la superficie que recorre el radio vector forma parte del impulso espiritualmente.” [5]
La tercera ley concierne la relación de conjunto entre los diferentes planetas. Si Kepler asimila esas relaciones de una manera viviente, Newton al contrario las despoja y mata su contenido viviente. Newton dedujo su ley de gravitación de la tercera ley de Kepler: “Las fuerzas de la gravitación, las fuerzas de atracción entre los cuerpos celestes se comportan de forma inversa a los cuadrados de las distancias.” Es reemplazando en el vacío newtoniano de las fuerzas de atracción el ‘cuadrado del tiempo’ que se le da vida interior al concepto de Kepler. Esta vida interior guarda una relación íntima con el tiempo. El tiempo al cuadrado significa una vivencia interior. En el hombre el tiempo representa el curso interior de su psique. Estamos integrados al movimiento elíptico de la tierra alrededor del Sol. Lo que sucede exteriormente está también en nosotros en un proceso interno. La generación viviente de la elipse a partir del círculo corresponde en el hombre a un proceso interno. Steiner:
“Y mientras que Ustedes se desplazan sobre esta línea que se desarrolla de tal manera que en tiempos iguales el radio vector describe el mismo sector, de hecho son Ustedes mismos quienes mantienen continuamente esa misma relación con su cuerpo central, aquel que establece una relación con su propio Sol.” [6]
Dicho términos antropomórficos, hay que estar atento a no derrapar, a no perder el centro de gravedad que es el Sol. Steiner:
“Ahí (la primera ley) lo tienen, caracterizado en el espacio en forma linear absoluta, el movimiento que Ustedes mismos hacen. En la segunda ley tienen la caracterización de la relación al Sol. Y cuando pasamos a la tercera ley pueden ver, en tanto que experiencia interior, la relación con los otros planetas y su propia relación con esos planetas. Es simplemente esta relación viviente la que se expresa en la tercera ley de Kepler.” [7]
Steiner concluye que el hombre debe tomar conciencia de que tiene el deber de volverle a dar un contenido interior a lo cuantitativo exterior porque él también vive las relaciones matemáticas. Él mismo se encuentra integrado en el seno de las matemáticas vivientes.
La tercera ley concierne la relación de conjunto entre los diferentes planetas. Si Kepler asimila esas relaciones de una manera viviente, Newton al contrario las despoja y mata su contenido viviente. Newton dedujo su ley de gravitación de la tercera ley de Kepler: “Las fuerzas de la gravitación, las fuerzas de atracción entre los cuerpos celestes se comportan de forma inversa a los cuadrados de las distancias.” Es reemplazando en el vacío newtoniano de las fuerzas de atracción el ‘cuadrado del tiempo’ que se le da vida interior al concepto de Kepler. Esta vida interior guarda una relación íntima con el tiempo. El tiempo al cuadrado significa una vivencia interior. En el hombre el tiempo representa el curso interior de su psique. Estamos integrados al movimiento elíptico de la tierra alrededor del Sol. Lo que sucede exteriormente está también en nosotros en un proceso interno. La generación viviente de la elipse a partir del círculo corresponde en el hombre a un proceso interno. Steiner:
“Y mientras que Ustedes se desplazan sobre esta línea que se desarrolla de tal manera que en tiempos iguales el radio vector describe el mismo sector, de hecho son Ustedes mismos quienes mantienen continuamente esa misma relación con su cuerpo central, aquel que establece una relación con su propio Sol.” [6]
Dicho términos antropomórficos, hay que estar atento a no derrapar, a no perder el centro de gravedad que es el Sol. Steiner:
“Ahí (la primera ley) lo tienen, caracterizado en el espacio en forma linear absoluta, el movimiento que Ustedes mismos hacen. En la segunda ley tienen la caracterización de la relación al Sol. Y cuando pasamos a la tercera ley pueden ver, en tanto que experiencia interior, la relación con los otros planetas y su propia relación con esos planetas. Es simplemente esta relación viviente la que se expresa en la tercera ley de Kepler.” [7]
Steiner concluye que el hombre debe tomar conciencia de que tiene el deber de volverle a dar un contenido interior a lo cuantitativo exterior porque él también vive las relaciones matemáticas. Él mismo se encuentra integrado en el seno de las matemáticas vivientes.
Resumen.-
El enfoque astronómico de Kepler es cualitativo. Hoy en día la astronomía y la astrofísica son exclusivamente cuantitativas. Kepler todavía ve en los movimientos de los astros algo como el gesto de un ser viviente. La antigua astrología veía en los movimientos de las esferas o cuerpos celestes la expresión de una gestualidad, de un algo psíquico. Con los siete planetas el cielo de las estrellas fijas constituía la octava esfera. Para la astrología lo esencial era el gesto de la esfera en relación a su posición de conjunto. Es a partir de esta concepción viviente del cosmos que Johannes Kepler ha enunciado sus tres leyes astronómicas.
Al referirse a un cuerpo elíptico alrededor de un cuerpo central cuya posición no ocupa el centro sino uno de los focos de la elipse, Kepler introdujo la dicotomía entre lo vivo y lo muerto.
Si en su tercera ley Kepler capta de una forma viviente la relación de conjunto entre los diferentes planetas, Newton al contrario mata su contenido viviente. Newton cambia la relación viviente del ‘cuadrado del tiempo’ por el ‘cuadrado de las distancias’. El tiempo al cuadrado significa una vivencia interior. En el hombre el tiempo representa el curso interior de su psique. El movimiento elíptico de la Tierra alrededor del Sol significa una vivencia psíquica y un proceso interior. La tercera ley expresa la relación de la vida psíquica humana, de la experiencia interior con los otros planetas.
El hombre debe volver a darle un contenido interior a lo cuantitativo exterior porque él mismo se encuentra integrado en el seno de las matemáticas vivientes.
[1] Rudolf Steiner, Science du ciel, science de l´homme (Stuttgart, 1-18 de enero 1921), Geneve, Editions Anthroposophiques Romandes (EAR), 1993, p. 80.
[2] “Para Kepler eran los espíritus quienes presidían la rotación de las esferas y se indignaba de que Pico de la Mirándola haya criticado a los astrólogos.” Eugenio Garin, Moyen Age et Renaissance, (1954), Paris, Gallimard, 1969, p. 122.
[3] Steiner, Science du ..., op. cit., p. 81.
[4] Op. cit., p. 82.
[5] Op. cit., p. 83.
[6] Op. cit., p. 85.
[7] Op. cit., p. 86.
El enfoque astronómico de Kepler es cualitativo. Hoy en día la astronomía y la astrofísica son exclusivamente cuantitativas. Kepler todavía ve en los movimientos de los astros algo como el gesto de un ser viviente. La antigua astrología veía en los movimientos de las esferas o cuerpos celestes la expresión de una gestualidad, de un algo psíquico. Con los siete planetas el cielo de las estrellas fijas constituía la octava esfera. Para la astrología lo esencial era el gesto de la esfera en relación a su posición de conjunto. Es a partir de esta concepción viviente del cosmos que Johannes Kepler ha enunciado sus tres leyes astronómicas.
Al referirse a un cuerpo elíptico alrededor de un cuerpo central cuya posición no ocupa el centro sino uno de los focos de la elipse, Kepler introdujo la dicotomía entre lo vivo y lo muerto.
Si en su tercera ley Kepler capta de una forma viviente la relación de conjunto entre los diferentes planetas, Newton al contrario mata su contenido viviente. Newton cambia la relación viviente del ‘cuadrado del tiempo’ por el ‘cuadrado de las distancias’. El tiempo al cuadrado significa una vivencia interior. En el hombre el tiempo representa el curso interior de su psique. El movimiento elíptico de la Tierra alrededor del Sol significa una vivencia psíquica y un proceso interior. La tercera ley expresa la relación de la vida psíquica humana, de la experiencia interior con los otros planetas.
El hombre debe volver a darle un contenido interior a lo cuantitativo exterior porque él mismo se encuentra integrado en el seno de las matemáticas vivientes.
[1] Rudolf Steiner, Science du ciel, science de l´homme (Stuttgart, 1-18 de enero 1921), Geneve, Editions Anthroposophiques Romandes (EAR), 1993, p. 80.
[2] “Para Kepler eran los espíritus quienes presidían la rotación de las esferas y se indignaba de que Pico de la Mirándola haya criticado a los astrólogos.” Eugenio Garin, Moyen Age et Renaissance, (1954), Paris, Gallimard, 1969, p. 122.
[3] Steiner, Science du ..., op. cit., p. 81.
[4] Op. cit., p. 82.
[5] Op. cit., p. 83.
[6] Op. cit., p. 85.
[7] Op. cit., p. 86.

